Parashá Vaetjanán: «Algo más que la súplica».

 
Deut. 3:23 al 7:11
 
Yo había rogado a Dios en aquel tiempo, diciendo…” (3:23)
 
En la parashá de esta semana, Moshé nos ofrece una imagen conmovedora al recordar sus súplicas, una en particular: Le pidió a Dios que lo deje entrar a la Tierra de Israel con el pueblo, pero Dios vuelve a rechazar su petición.
 
Como detrás de todo líder, por bueno que sea, siempre hay un hombre y nada más, Moshé intenta agotar la última instancia, insistiendo cual apelante. Pero Dios parece no ver con buenos ojos aquello, le pide que deje de insistir y que asuma su destino, lo cual no siempre es fácil de hacer, menos ahora, cuando el discurso motivacional de moda es “vuelve a intentarlo mil veces”.
 
Un hombre sabio, señalado por la Torá como el hombre más humilde de todos [Núm. 12:3], se nos muestra ahora como incapaz de resignarse y sin capacidad de resiliencia. 
 
Frente a esta imagen contradictoria, escribió Yaakov Tzvi Mecklemburg, un erudito del s.XIX en referencia al versículo que contiene la dura respuesta Divina (26): “¡Suficiente para ti! Dios le dijo a Moshé que recibiría más importancia y honor al no seguir hablando, ya que estaba decidido que no entraría en la tierra. Moshé no recibirá mayor honor al continuar rezando, porque [de hecho] la gente [podría] comenzar a decir que es terco y se niega a aceptar cuando no recibe lo que quiere.”
 
¿Será cierto que Moshé estaba pidiendo insistente y tercamente, lo que ya sabía que no era para él?
 
Abraham Ibn Ezra (s.XII) comentando emotivamente el versículo 24 y dejándonos discretamente la idea de que Moshé en realidad estaba más entregado a su destino, que lo que parece, dice: “Has empezado. El más sabio de los sabios [Moshé] dijo: Has comenzado a mostrar a tu siervo tu grandeza, tanto en el cielo como en la tierra, es decir, la forma en que conduces al mundo.”
 
Moshé, en la lectura que estamos haciendo acompañados por estos eruditos, en realidad sabe que no tiene sentido obtener un sí, sobre lo que ya se resolvió con una negativa rotunda. ¿Tendrá conciencia de que su muerte se encuentra próxima? Ibn Ezra parece insinuarlo, al leer a Moshé como si dijese: Ya sé que lo normal (por mi edad) es que yo no entre en el futuro… es la ley de la vida, así se conduce el mundo.
 
Entonces, me atrevo a proponer y compartir con ustedes, otra perspectiva, bajo la cual, nuestro Rabino y maestro no es terco en lo absoluto, sino que está buscando otra cosa bastante más elevada, que simplemente obtener lo que quiere por capricho.
 
¿Cuál es el sentido de nuestras súplicas y plegarias?
 
La palabra אתחנן (etjanán) que como advertimos, significa rogar o suplicar, está vinculada en su raíz con חנן(janán) que evoca la idea de ser misericordioso y esta a su vez con חן (jen) que significa gracia.
 
Tal vez, la cuestión del cruce del Iardén era sólo una excusa para rezar y buscar la gracia de Dios. Y en este sentido, Moshé no habría sido obstinado en lo más mínimo, un ejemplo que de hecho nuestra tradición imita.
 
Nuestra tradición nos regala una fórmula para comenzar las súplicas, fórmula que encierra todo un conjunto de enseñanzas interesantes: יהי רצון מלפניך Sea tu voluntad. Al respecto, leemos en el tratado de Berajot 7a (T.B) que esta fórmula se extrae de invertir la forma en que Dios mismo reza: “Sea mi voluntad…” y que donde Él dice “yo” (mi voluntad, רצון מלפני), nosotros decimos “tú” (Tu voluntad, רצון מלפניך).
 
Una especie de “Iehí ratzón” encontramos en las palabras de Moshé, cuando dice – según el versículo 24: “Tú has comenzado a hacer ver a Tu servidor Tu grandeza y Tu poder fuerte; pues no hay dios en los cielos y en la tierra, que haga como Tus obras y como Tus magnas acciones.”
 
En esta lectura que estamos haciendo – a fin de inspirarnos en lo que a nuestra propia relación con lo Divino respecta – Moshé no es obstinado ni caprichoso y no está insistiendo en nada menos elevado, ni buscando nada menos importante que a Dios mismo.
 
Moshé utiliza la súplica y el deseo de cruzar el Iardén como una excusa, para tener un tiempo de conversación honesta con Dios, trabajando en asumir su destino y reconociendo que no controla ni puede controlar todo. Elevándose además por sobre el simple deseo de pedir cosas, que ha existido en todas las culturas, a través de rituales y palabras mágicas con las que se busca alterar el curso de las cosas.
 
Tal vez por eso el versículo siguiente a la súplica dice: “Y se enojó Dios conmigo por causa de ustedes”. No, no se enojó por “insistir” con lo del Iardén, ni le molestan mis oraciones, mis sueños, deseos o proyectos.
 
Que tengamos el mérito de ver en nuestras súplicas y anhelos, mucho más que un pliego de peticiones interminables y redundantes. Que podamos ver en nuestra plegaria una oportunidad real para acercarnos de corazón al que escucha la plegaria de todos (como decimos en la Amidá). Y que valoremos la experiencia personal y colectiva de la plegaria, como una oportunidad suficiente, donde no hay un después de la plegaria, una expectativa posterior. El instante mismo es relevante, a tal nivel que Moshé buscaba la excusa para generarlo.

 
Shabat Shalom,
Shabat Shalom umevoraj.