Parashá Vaiejí: «La sabiduría de Iosef.»


El ciclo de Iosef en la Torá, está contado de una manera muy curiosa. Hay algunas ideas que se esconden en la personalidad y las actitudes de los personajes, que nos permiten hacer una reflexión sobre la sociedad actual.

La familia de Iosef, un clan, una forma primigenia de organización social y el germen de un gran pueblo, estaba profundamente envenenada por la envidia, la lucha por el poder y el desprecio por la dignidad humana (representado por el intento de asesinato y posterior venta de Iosef como esclavo). Pienso que el lector concordará conmigo en que un pueblo así, no llegaría muy lejos.

Por la otra parte estaba Egipto, una gran civilización cuyos habitantes y poderosos no eran más virtuosos que los hermanos de Iosef. Y es probable que frente a la hambruna, eligiesen el acaparamiento en favor de los ricos y cualquier otra medida egoísta como «solución».

En medio de todos estos caminos personales y colectivos que se entrecruzan, como estudiamos, Iosef llega a Egipto y pasa de la cárcel a un puesto decisorio importante, desde el cuál (previendo una crisis), implementa una medida de solución concreta, lo que hoy se llamaría «la estatización de los alimentos».

Aquí, el razonamiento parece ser sencillo: si no hay para todos, entonces hay que centralizar y luego repartir proporcional y equitativamente, en aras de que alcance para todos.

Hoy, cuando diversos autores y actores políticos nos dirían que este sistema es altamente falible o extremadamente ineficiente, porque abre paso a la corrupción, reaparece Iosef con su gran ejemplo ético. Iosef no solamente es un estratega, en efecto, dice la Torá: «Sustentó Iosef a su padre y a sus hermanos y a toda la casa de su padre; con pan, de acuerdo al número de los infantes.» (47:12)

Con el granero Estatal en su poder, Iosef no usa esta alta posición para tomar más de lo que necesita él o sus familiares, tampoco como un corrupto. Así comenta Sforno (s.XV): «A pesar de que él tenía el poder para darles comida en abundancia, les dio solamente de acuerdo a sus necesidades, con mesura. Así dijeron nuestros sabios en el Talmud: “Cuando la comunidad está sumida en sufrimiento no debe decir la persona: yo comeré y beberé copiosamente y haya paz solamente para mi persona…«

Este ejemplo ético es mucho más loable, cuando pensamos en que rehusó dar preferencia a su propio linaje, a su propia gente. Una actitud que nos permite apreciar la grandeza de Iosef en su plenitud. ¡Y cuánto necesitamos este perfil de líderes en la actualidad!

Por su parte, el mérito de Egipto fue seguir el buen criterio de Iosef y no cuestionar que el rico y el pobre reciban la misma ración, cosa que hoy – lamentablemente – sería una idea altamente criticada en nuestros países.

Del mismo modo, el mérito de su propia familia será concretar la reconciliación, no sin antes entender que habían torcido el camino, porque no hay futuro cuando se pisotea y vende la dignidad humana.

Así, Egipto e Israel aprenden del ejemplo ético de Iosef, el cuál no se transforma solamente en un buen líder frente a la crisis o un mero economista que pone en práctica su propia teoría y plan. Iosef se nos presenta como un hombre íntegro, de esos que necesitamos hoy más que nunca para avanzar como sociedad. Líderes que inspiren con el ejemplo y que se conduzcan con probidad.

Con esta renovada comprensión sobre los bienes materiales en tiempos de crisis, así como la responsabilidad que tenemos por los pobres y necesitados, además del compromiso que debemos asumir en la lucha contra la desigualdad social que afecta a judíos y no judíos en la actualidad, leamos ahora las bendiciones que Iakov – nuestro patriarca – ofrece en esta parashá (capítulo 48).

Sí, tienen una carga simbólica muy fuerte, de carácter material y en efecto las bendiciones hablan de: sustento, riqueza, abundancia, etc. Sin embargo, no lean esto como si cada una de estas cosas fuese un fin en sí mismo.

Véanlo como una súplica para contar con aquellos medios que, empleados adecuadamente, sirvan para elevarse espiritualmente mediante las buenas acciones y el servicio a los demás.

Definitivamente, la bendición no se trata de tener bienes y poder. El punto verdaderamente importante de esta historia, es cómo tener la sabiduría necesaria para decidir qué hacer con todo aquello.

En suma, el sentido de la responsabilidad social es una bendición. El regalo de la oportunidad de preocuparnos y ocuparnos del otro.

Anhelo de todo corazón que el ejemplo de Iosef nos inspire.

 
Shabat Shalom,
Shabat Shalom umevoraj.