Parashá Vaieshev: Hacer el bien es la recompensa.

(*) Este comentario ha sido elaborado por la Comunidad Ruaj Ami (Santiago, de Chile) con base en el estudio comunitario de la Parashá Semanal, que realizan los sábados por la mañana. (2022)

“Vayéshev” (וישב) es la 9° lectura de la Torá, que significa «y él habitó». El título viene del primer versículo que dice: “Y habitó Jacob en la tierra donde había peregrinado su padre, en la tierra de Canaán. Esta es la historia de las generaciones de Jacob: José, cuando tenía diecisiete años, apacentaba el rebaño con sus hermanos…” (Gn 37:1-2a).

Jacob comienza a encarnar la promesa hecha a Abraham. Tiene 12 hijos, se establece en Canaán, la tierra prometida, pero entre sus hijos surgen envidias. José recibe un trato preferencial, incluso le regala su padre un manto multicolor, y además recibe dos premoniciones a través de sus sueños, en que se profetiza que gobernará a sus hermanos.

Llega a tal grado el odio y la envidia, que Simón y Levi planean matar a José, pero Rubén sugiere lanzarlo a un foso. Finalmente, eso es lo que hacen. Judá decide venderlo como esclavo a una caravana de ismaelitas, y los hermanos disfrazan el crimen manchando el manto multicolor con la sangre de un cabrito, haciéndole creer a Jacob que su hijo más querido había sido devorado por un animal salvaje.
 
¿Qué habrá pasado por la mente de esos hermanos, para causar un dolor así de grande a su padre?

Más adelante en la historia, Judá se casa y tiene tres hijos. El mayor, Er, se casa con Tamar. Muere joven, sin hijos. Su otro hijo, Onán, debe tomar su lugar, y los hijos que él engendre, serán considerados hijos de Er. Él se resiste a ese designio, y derrama en tierra. Por su egoísmo, también morirá joven. De acuerdo a la tradición, el tercer hijo de Judá debía casarse con Tamar, pero él se niega. Ella, decidida a tener un hijo de la familia de Judá, decide disfrazarse de prostituta y seducirlo a él mismo, embarazándose. Judá la manda a matar, creyéndola infiel. Con sorpresa, descubre que él era el padre. De esta unión, nace Zeraj y Peretz, éste último ancestro ni más ni menos que del Rey David.

Volviendo al drama de José, éste es vendido en Egipto a Potifar, ministro del Faraón. En su casa, hace prosperar a su amo, cumpliendo la mitzvá de hacer prosperar el lugar en donde nos encontremos. Sin embargo, la mujer de Potifar intenta seducirlo, negándose José a ello. Entonces ella levanta la falsa acusación de que él intentó violarla. Potifar se da cuenta de que se trata de una calumnia, y ése es el motivo por el cual lo manda encarcelar y no matar, como habría correspondido en aquella época. Así, humilla a su mujer y por otra parte preserva la vida de José.

José, en prisión, no es juzgado duramente. Es considerado de buen juicio y es puesto en la administración de la misma. A pesar de sus duras condiciones, de nuevo entrega bendición en el lugar donde está. Es ahí donde conoce a dos sirvientes directos del Faraón. Ambos tienen sueños que José interpreta: uno, era el maestro de coperos. Su sueño es una profecía: en tres días su caso será revisado y obtendrá su libertad. El otro, maestro de panaderos, se entusiasma y pide la interpretación. También es una profecía. En tres días, su caso será revisado, pero eso significará su muerte.

Se cumple la profecía. El panadero es ahorcado. Por otra parte, el copero es liberado. José le había pedido, al interpretar su sueño, que intercediera por él ante el Faraón, pero esa promesa es olvidada, por ahora.

Pongámonos en el lugar de José. Sus sueños, hasta el momento, en vez de cumplirse, se alejaban más de él. Esclavo, lucha por sobresalir, y lo consigue, pero por comportarse éticamente, es arrojado a la prisión ¿Cuántas veces nos hemos preguntado porqué el justo sufre y el malvado no recibe su castigo? Sin embargo, era el hombre adecuado en el momento correcto. De no haber estado ahí, la sequía y el hambre que vinieron posteriormente habrían acabado con Egipto y sus alrededores.

Ahora también, Jacob, al hacer diferencias entre sus hijos, provocó también este trágico desenlace. Provoco envidias y celos. Por otra parte, esa envidia encontró terreno fértil en Simón y Levi, cuyos corazones llenos de ira estaban dispuestos en demasía al asesinato. No en vano, ya habían matado a Siquem bajo engaños, deshonrando la palabra de Jacob. Como se dice habitualmente, la recompensa de una Mitzva es otra Mitzva, mientras que el castigo a una transgresión es otra transgresión. De no ser por la intervención de Rubén y Judá, habrían cometido el mismo pecado de Caín, derramando la sangre de su hermano. 

Ocupando una analogía del libro “El Silmarillion” de J.R.Tolkien, Dios toma lo peor de los actos humanos para transformarlos en una bendición. Sin embargo, el mundo no deja de estar bajo nuestra responsabilidad. Se encuentra en nuestras manos llevar a cabo el “Tikun Olam”, y ser auxiliares en la labor divina, confiando en que al final del día el bien triunfará, porque nosotros también hemos puesto de nuestra parte en ello. Lo que no nos está permitido es quedarnos de brazos cruzados, incluso en la peor hora de nuestra aflicción, pues nuestra mejor recompensa debe ser sólo el haber actuado correctamente.


Shabat shalom ve Jag Urim Sameaj!