Parashá Vaietzé: «Podemos enmendar nuestros errores…»

  
A diferencia de su padre y a similitud de su abuelo, Iaakov debe enfrentarse a la necesidad de abandonar la zona de confort. Abraham lo hizo otrora por razones espirituales o Divinas, mientras que Iaakov lo hará por razones más bien terrenales. Podríamos decir que Dios empuja a Abraham y la vida misma empuja a Iaakov.
 
Hasta aquí, el único que no recibió este impulso fue Itzjak, el cual jamás se movió, ni para buscar con quién casarse.
 
El tránsito entre lo espiritual y lo terrenal, seguramente es lo que marca el tenor del inicio de esta Parashá. En Vaietzé vemos a Iaakov tener su propio “Lej Lejá”, porque emprende el rumbo hacia los desconocido, por su propio bien, abandonando su tienda o carpa, abandonando ese lugar acogedor donde – dice nuestra tradición – que Iaakov pasaba los días estudiando textos sagrados. Indudablemente, abandona su zona de confort. Situación que, de no haberse dado, habría terminado con esta historia de forma distinta y jamás hubiese aparecido un “Israel”, de eso estoy seguro.
 
En cualquier caso, me llama profundamente la atención la figura de este Iaakov que debe huir de casa, pobre y solitario, a consecuencia de sus propios actos. Y me sorprende la idea retributiva del texto, que nos mostró un Iaakov que engaña a su padre y luego, más adelante, nos mostrará a su suegro engañándolo a él.

El texto nos presenta este recto y verso en forma constante. También ocurre cuando lees sobre Esav. Por ejemplo, en el episodio en que Esav vende su primogenitura por un guiso, naturalmente uno se hace la idea de que Esav no era una persona confiable. Y luego, cuando lees sobre el plan entre Rivká y Iaakov, para recibir fraudulentamente la bendición de Itzjak, te das cuenta de que es difícil ser objetivo y tomar partido. En el relato no hay algo así como “una parte buena y una parte mala de la historia”. Lo cual debe ser difícil de advertir para las personas que gustan de las clasificaciones extremas o que no distinguen matices.
 
En mi humilde opinión, Iaakov, un ser humano no ajeno al error y por otro lado, con grandes oportunidades de crecer y aprender, como todos los seres humanos, tiene una experiencia vital y realmente profunda con el sueño de la escalera y los ángeles que suben y bajan por ella.
 
Me resulta muy inspirador lo que Iaakov señala al despertar de su sueño: «Sin duda, el Señor está en este lugar y yo no me había dado cuenta». (Génesis 28:16).
 
Iaakov llega a la conclusión de que Dios estaba con él. Y tal vez, esta conclusión le permitió entender que ya no necesitaba recurrir más al engaño. Nunca lo necesitó. Y que está en sus manos decidir si en adelante va a utilizar la escalera de la vida, la escala de la ética, la escala valórica, para ascender o descender.
 
Que tengamos el mérito de reconocer la presencia Divina en nuestras vidas, sea en nuestros sueños y proyectos, sea en nuestros despertares y momentos de concretar. Y que este reconocimiento nos permita apegarnos a la ética, a fin de perseguir nuestros grandes objetivos sin descuidar los medios.
 
Todos podemos elevarnos a través de nuestras decisiones cotidianas y podemos comenzar el ascenso en cualquier momento, no importa si nos equivocamos anteriormente. Como enseñó Rabi Menajem Mendel de Kotzk: “Quien está en la base de una escalera pero está subiendo, está mucho mejor que quién está en la cima, pero está bajando”.

 
Shabat Shalom.