Parashá Vaikrá: «En atención a las circunstancias…»


No es fácil escribir sobre el recuerdo de épocas pasadas y mucho menos sobre la alegría en estos días. Estamos en vísperas de “Shabat zajor” y a un día de Purim, que este año comienza en motzae Shabat. Y al respecto, en el contexto de este difícil 5784 en el que Hamán ha vuelto a intimidarnos, me gustaría hacer algunas reflexiones, reconociendo que por esta vez no hay mucho espacio para clichés.
 
Lo primero que quisiera señalar, es que tanto la institución de “Shabat zajor” como la idea de que Purim es una festividad alegre, responden a extensiones del sentido y alcance de diversos pasajes de la Torá, hecho por nuestros sabios, los cuales intentaron hacerlos encajar con la historia que se nos relata en la meguilá. La Torá no dice “borrarás a Hamán”, sino que habla de Amalek (Deut. 25:17-19). Por otra parte, la idea de alegrarnos en una festividad “ve samajta bejagueja” (Deut. 16:14) está vinculada a la idea de Simjat Iom Tov y Purim no es un Iom Tov.[1] Aunque de todas formas se suele utilizar este versículo, por extensión, para justificar la alegría de Purim.
 
Otra opinión registra el Rabino Eliezer Melamed en su célebre obra “Peninei Halajá”, en la que enseña: “En un inicio, Purim no fue establecido como día festivo (Iom Tov) en el cual se prohíbe la realización de labores. Empero con el correr de las generaciones, como forma de reverenciar la santidad del día, el Pueblo de Israel acostumbró a no realizar labores y se trata de una costumbre que se tornó en norma.”

Cual fuese el caso, seguimos la lógica de la “extensión”. Y de todas formas tenemos algo en concreto: Purim cae en el mes de la alegría, por así decirlo (T.B Taanit 29a) y de consecuencia es necesario dejar presente esta diferencia fundamental entre este jag y los iamim tovim (o los demás, como se prefiera ver), por ejemplo: la Torá sugiere que me sienta alegre en Sucot, pero no necesito estar alegre todo el mes de Tishrei. Ahora bien, con Purim y el mes de Adar la cosa cambia. Y si para algunos es difícil estar alegres por algunos días, ¡imagínense por un mes (doble) y en circunstancias desfavorables para el pueblo judío! ¡Es todo un desafío!

¿Qué hacemos? ¿Nos evadimos de la realidad con esta fiesta, o mejor buscamos cómo ajustarla a estas circunstancias que preferiríamos no estar viviendo?

En cualquier caso, el ideal sigue siendo que Purim no sea anulado (Ester 9:28 / T.B Meguilá 7a) ¿Pero cómo podemos celebrarlo este año, atendiendo a las circunstancias actuales?

 
Sirvan a Dios con Alegría.

Este ideal sálmico (Salmo 100:2), reivindicado por el jasidismo y que parece un ánimo tan adecuado para una fiesta como Purim, colisiona a veces con nuestros momentos de preocupación, con la realidad. En otro salmo, pensado desde las circunstancias difíciles, leemos “¿Cómo cantar las canciones del Señor en una tierra extraña?” (Salmo 137).
 
No, en ningún caso podemos negar la realidad y tal vez, otra tradición judía nos de una pista de qué podemos hacer en estos momentos: la jupá.

Piensen en el quiebre de la copa, es habitual señalar que este es un símbolo del recuerdo del Templo destruido. Todos conocemos más o menos la explicación estándar: “Ninguna alegría puede ser considerada completa desde entonces.”

¿Y ahora? ¿Cómo podemos celebrar este día de Purim, instituido por la Reina Ester, pero manteniéndonos conscientes de que nuestra alegría permanecerá – nos guste o no – incompleta hasta que todos los secuestrados retornen a su hogar?

En la parashá Vaikrá que estudiamos esta semana, comenzando la lectura del Levítico, se nos presentan cinco sacrificios distintos. En hebreo “קורבנות” (korbanot), palabra que comparte raíz con “להתקרב” (lehitkarev) o acercarse.

La Torá nos propone cinco formas de acercarnos a lo Divino, desde distintas circunstancias, desde la gratitud o el hecho de sentirnos completos, o desde el arrepentimiento y el deseo de reparar nuestros errores. Del mismo modo, podríamos concluir ahora que no es lo mismo “conectarse” con Dios – o intentar hacerlo – desde la alegría, que desde otro estado de ánimo.

Es nuestro deber ahora sondear y encontrar la forma.

 
Lo que ocurre en Israel es más importante.

Sería fácil para nosotros, desde la diáspora, obviar las circunstancias actuales, pero hay un ejemplo que nos conviene recordar. En el talmud, los sabios se preguntan si se debe o no recitar Halel en Purim, un conjunto de salmos que según la tradición rabínica son considerados como un solo bloque y que se suelen recitar en ciertas festividades. La guemará responderá que no se recita y explica: “Halel no se recita por un milagro que ocurrió fuera de la Tierra de Israel.” (T.B Meguilá 14a), en este caso, el milagro ocurrió en suelo Persa.

Esta importancia que nuestra tradición siempre reserva para la Tierra de Israel, nos debe invitar a la reflexión. ¿Qué tiene prioridad, la salvación ocurrida antaño en la ciudad de Shushán, o nuestro amado y actual Israel en problemas? ¿Cuál habría sido la respuesta de los sabios antiguos en este caso?

 
Una alegría moderada.

En este Purim proponemos moderar la alegría. Porque obviar el sufrimiento de los secuestrados es convertir Purim en una frivolidad. Y encontramos en nuestra literatura algunas menciones sobre la necesidad de evitar esa actitud.
 
En este Purim no basta con recordar y repetir la trillada licencia para beber que encontramos en el tratado de Meguilá 7b.

Es cierto que el vino es un tema. En el Talmud, nuestros sabios pensaron en cómo experimentar la alegría de Deut. 16:14 y respondieron: con vino. (T.B Pesajim 109a) ¡Así de fácil! Pero más tarde, Maimónides en cambio reflexionaría: “Cuando una persona come, bebe y celebra en una fiesta, no debe dejarse atraer demasiado por beber vino… diciendo: «quienquiera que se entregue en exceso a estas actividades está aumentando su observancia de la mitzvá de la alegría». Porque la embriaguez, la alegría profusa y la ligereza no son regocijo: son frivolidad y tontería. Y no se nos ordenó disfrutar de la frivolidad o la estupidez, sino más bien de la alegría que implica el servir al Creador de todo…” (Mishné Torá, Shevitat Iom Tov 6:20) 

Y esta última forma de ver las cosas, me resulta mucho más adecuada para este Purim 5784. Porque definitivamente, Purim no se trata de autoengañarnos y evadirnos. 

Estoy de acuerdo en que debemos procurar la alegría, pero pienso que debe ser una alegría realista y consciente de que hay situaciones que nos alejan de ella. Y debemos tener presentes tales circunstancias, sin ocultarlas momentáneamente para decir “aquí no ha pasado nada”.

 
Estar con los necesitados es más importante.

Entiendo la locura por los disfraces, pero recordemos que Purim es mucho más que eso. La misma meguilá de Ester nos habla de dar regalos a los pobres (Matanot Laevionim). Y al respecto, enseñó Maimónides: “Es preferible que una persona sea más liberal con sus donaciones a los pobres que ser generosa en su preparación de la fiesta de Purim o en el envío de porciones [de comida] a sus amigos. Porque no hay felicidad mayor y más espléndida que alegrar los corazones de los pobres, los huérfanos, las viudas y los conversos. Quien trae felicidad a los corazones de los desafortunados se asemeja a la Presencia Divina, que Isaías 57:15 describe como [que tiene] la tendencia a revivir el espíritu de los humildes y a los que tienen el corazón roto”. (Mishné Torá, Shevitat Iom Tov 2:17)

En este Purim, queridos amigos y amigas, es preferible estar con los que sufren. Nuestros corazones deben darle prioridad al dolor de los secuestrados y sus familias, uniéndose a su causa a través de la oración y el activismo. Recordemos que “…la juerga vacía excluye la verdadera felicidad.” (Eclesiastés 7:3)

 
Para construir una verdadera y duradera alegría.

No me vean como un aguafiestas. Tal vez, la copa quebrada de la jupá y la resignificación de este Purim, respondan a la necesidad de distinguir entre la alegría como una sensación pasajera y la alegría como ideal, acaso como proyecto a largo plazo.

Es posible que Heschel lo explicara mejor, cuando escribió: “La disciplina, el sacrificio, la abnegación o aun el sufrimiento que a menudo entraña hacer el bien no invalidan la alegría: son sus ingredientes.” (Dios en busca del hombre, 1956).

 
Una oración adicional.

En la liturgia de Purim se suele agregar, intercalando durante la amidá, una oración en recuerdo de la salvación de Purim (“Al Hanisim”). 

Proponemos, como señal de esta alegría incompleta, agregar: “Hoy, todavía estamos enfrentando dificultades y es posible que muchos no tengan forma de experimentar alegría en el recuerdo de este día. Te pedimos que protejas y consueles a nuestros hermanos y hermanas. Que nos alegres con su rescate. Entonces nuestra alegría será completa. Entonces nos volveremos a alegrar con tu salvación.”

 
Shabat Shalom,
Jag Purim Sameaj.




[1] En estricto rigor, se suele hablar de Iom Tov cuando nos referimos a las festividades instituidas en la Torá (5 libros de Moisés). No es el caso de Purim, que es instituido en el libro de Ester. En ese sentido se señala que es un “jag” (fiesta), pero no es Iom Tov, aunque no es una opinión única.