Una corriente del pensamiento judío y un movimiento organizado.

Como movimiento, el Judaísmo reformista es el más antiguo y con más adeptos en todo el mundo. Sin embargo, para llegar a entender su éxito y alcance, es necesario hacer al menos un breve recuento histórico.

El Judaísmo reformista como corriente del pensamiento judío, es un fenómeno intelectual y espiritual que surge en un tiempo de grandes cambios sociales. Así lo señala W. Gunther Plaut, en su libro “The rise of Reform Judaism” (1963), indicando que el surgimiento del reformismo no se encuentra exclusivamente en la nueva forma de pensar que trajo consigo la era de la ilustración (s. XVIII), sino que también recibió la influencia de muchos otros cambios en el orden social: el colapso de la sociedad feudal, el comienzo de la revolución industrial y con ello, las nuevas oportunidades que surgieron para los judíos en el comercio, la academia, etc. Además se deben considerar los procesos independentistas que estaban teniendo lugar en muchos países, así como una renovada comprensión sobre asuntos políticos, que concedían derechos y libertades para los judíos que previamente les habían sido negados.


Y es precisamente en este contexto histórico que surge, en palabras de Plaut: “La necesidad de encontrar formas modernas para la antigua fe…”, siendo la gran interrogante: “¿Podía uno seguir siendo judío y aún disfrutar de los beneficios de las grandes revoluciones?”.

De esta manera, tras un largo periodo de lo que podríamos llamar “influencia externa”, empiezan a emerger en la historia judía figuras destacadas que impulsaron esta corriente, con su ejemplo. Vamos a estudiar brevemente a algunos de los más importantes.

 
Moses Mendelssohn (1729-1786).

Aclamado por algunos como el tercer Moisés después del bíblico y Maimónides, es presentado por la Enciclopedia Filosófica de Stanford como: “… un pensador creativo y ecléctico cuyos escritos sobre metafísica, estética, teoría política y teología, junto con su herencia judía, lo situaron en el centro de la Ilustración alemana durante más de tres décadas.”

Y si bien, Mendelssohn no fue precisamente un “judío reformista” en el sentido actual, no es menos cierto que fue percibido en su época como un reformador, siendo apodado «el Lutero judío», dado que además de abogar por los derechos civiles de los judíos, tradujo el Pentateuco y los Salmos al alemán.
 
Apostó también por el respeto entre las religiones y en definitiva, se convirtió en un ejemplo del ideal de equilibrio entre “ser un hombre de su época”, sin dejar de ser judío.

Es esencial recordar que las contribuciones de Mendelssohn están intrínsecamente ligadas al periodo histórico conocido como la Haskalá, o Ilustración judía, caracterizado por un renovado interés entre los judíos europeos por los estudios seculares, la filosofía, las ciencias, entre otros campos. En este contexto, Mendelssohn promovió el uso del alemán como idioma principal para la educación y la cultura secular, con el objetivo de facilitar la integración de los judíos en la sociedad europea más amplia.

Además, Mendelssohn subrayaba la importancia del dominio del hebreo bíblico como una forma de ganar respeto entre los no judíos. Creía que el conocimiento del hebreo, como idioma de la Biblia, elevaría la percepción de los judíos en la sociedad y los consideraría como personas cultas.

Sin lugar a duda, la figura de Mendelssohn inspiró a la generación de los padres del movimiento reformista, compuesto por personas que se atrevieron a dar un segundo paso, convirtiendo esta corriente del pensamiento en un movimiento organizado. 

 
Abraham Geiger (1810-1874)

El Rabino Geiger puede ser considerado el “padre del reformismo”, aunque no actuó solo. Hubo también muchas otras figuras prominentes que contribuyeron en la etapa que hoy se suele denominar “la Reforma clásica”, un fenómeno que puntualmente se desarrolló en Alemania durante el s. XIX.

Para entender esta nueva etapa, es necesario considerar que, en el periodo comprendido entre Mendelssohn y Geiger, hubo un gran incidente a causa de las primeras incursiones del pensamiento reformista en aras de (haciéndole honor a su nombre) introducir cambios. Nos referimos a las controversias suscitadas por la publicación del “Libro de Oraciones de Hamburgo” (1817). 

En otras palabras, unos cuantos años antes de la ordenación Rabínica de Geiger en 1832, el pensamiento reformista comenzaba a producir sus primeros efectos en la liturgia, lo que actualmente algunos consideran como un intento más estético que teológico de adaptar los servicios religiosos.

Al respecto señala Plaut: “Cuando en 1838 Abraham Geiger fue rechazado por su rabino superior, Solomon Tiktin, quien intentó evitarle ejercer su función rabínica, la historia de la Reforma se lanzó a su etapa más explosiva. Durante los siguientes diez años, el movimiento se volvió revolucionario, intensamente emocionante, grandioso en su alcance, inmensamente atractivo en su optimismo creciente y en la amplitud de su universalismo. Este período es el momento del mayor florecimiento de la Reforma… Se fundaron periódicos; aparecieron libros sobre Reforma por decenas y panfletos por centenas. Nuevos libros de oraciones hicieron su aparición; se organizaron conferencias rabínicas; se formaron congregaciones reformistas.”

La resistencia que los tradicionalistas oponían al espíritu reformista servía de impulso a este último. En ese contexto, Geiger ejerció su rabinato, a menudo recurriendo al anonimato para escribir y compartir sus reflexiones. En este sentido, tras largas décadas de impecable servicio, la historia del judaísmo reformista es inconcebible en la actualidad sin la figura combativa del rabino Abraham Geiger.

Geiger sentó también las bases de lo que sería la organización de la corriente reformista, en un movimiento. Para ello instó insistentemente a la formación de una Conferencia Rabínica. Años más tarde, sería el Rabino Ludwig Philippson, otro erudito y célebre traductor de la Biblia, recordado también por su insistencia en la necesidad de erigir Escuelas Rabínicas, el que lograría convocarla y organizarla.

Estas grandes reuniones de Rabinos cimentarían lo que posteriormente se conocería como “Sínodos”, siendo el primero convocado para 1868, como respuesta a la necesidad de generar una estructura orgánica para el debate y la resolución de asuntos propios del movimiento. A continuación un resumen de tres de estos hitos.

“… el movimiento reformista buscó replantear la religión para despojarla de su carácter étnico y particular y conferirle junto a su misión universal un carácter individual-privado. […] Si bien el movimiento reformista modificó el mismo ritual sinagogal, la doctrina del mesianismo y del retorno a Sión, así como la doctrina del exilio y la redención, la Reforma en el judaísmo no obedeció, sin embargo, sólo a cuestiones esencialmente teológicas sino que respondió a las nuevas necesidades sociales.”

Dra. Judit Bokser Liwerant,
«Los dilemas del judaísmo en la modernidad» (2002).
Conferencias


Las dificultades de apostar por los cambios.

Además de las dificultades para lograr acuerdos en esta nueva orgánica que estaba surgiendo, la implementación práctica de los cambios tampoco era fácil a nivel local (de cada congregación). Así lo expresa Geiger, en un texto titulado: “Es difícil ser Rabino”, en el que señala con tono de queja: “El rabino […] tiene una posición muy difícil. Si ha decidido que gran parte de lo que es tradición tiene desventajas inevitables, entonces le resultará difícil salvaguardar esta tradición. Además, hay cosas que son realmente malas, y aquí debe sentir el impulso de hacer algo al respecto. Sin embargo, habrá elementos en su congregación que se opondrán incluso a estas mejoras. Luego tiene otros en su congregación a quienes ve alejarse completamente de la vida religiosa, y a quienes no puede esperar traer de vuelta al judaísmo en las circunstancias actuales. Aun así, se engañaría a sí mismo si no tomara nota de estas mismas personas. No puede negar los obstáculos que muchas formas tradicionales colocan en el camino de la vida social y comercial, así como de las actitudes humanitarias y verdaderamente religiosas. Eliminar estas formas es su obligación.”

 
El estancamiento de la Reforma en Europa.

A pesar de los múltiples esfuerzos realizados y que hemos mencionado brevemente en este envío, el reformismo en Europa entra en una fase de estancamiento a comienzos del s. XX. La resistencia de los sectores más conservadores o tradicionalistas, diversas tensiones políticas y sociales dentro y fuera de la comunidad judía, así como el surgimiento de movimientos nacionalistas, contribuyeron a este estancamiento. De todas formas, el judaísmo reformista continuó desarrollándose en otras partes del mundo, pero su progreso en Europa fue limitado durante este período. Y tardaría un tiempo considerable antes de recuperarse.


En un segundo envío, estudiaremos sobre los orígenes del Movimiento Reformista en los Estados Unidos de América y Latinoamérica, las características propias de cada uno y sobre cómo ha existido una voluntad ininterrumpida de construir y preservar un movimiento, actualmente conocido a nivel mundial como WUPJ.